
Hay días en que uno se cansa de pensar las cosas, de creer en sus propios planes y de caminar ciegamente por los caminos de nuestros adentros (al carajo…), tiende a ser tedioso, pero es cierto que en ese delgado momento de soledad y reflexión nos encontramos con pequeños detalles que hacen grandes nuestras experiencias.
A veces es una palabrita caprichosa la que me persigue, parece una tarabilla caray, yo a veces solo la miro con ojos de paciencia y digo, bueno… así es ella qué más da, pero otra veces le huyo, me escondo de mi mismo esperando no encontrarme nunca y olvidarme de mi para creerme otro y así recordarme a mí mismo como alguien que fue, que algún día estuve charlando largo y tendido con aquel fulano y me dejo mas de alguna buena frase o amistosa enseñanza.
Vaya que eso me sentaría bien, descansaría mejor por las noches y sonreiría mejor al llegar el día (que maravilla es el olvido, ¿no?), pero aunque me olvidara de mi nombre, de mi pasado y tratara de inventarme en otro, sería inútil, pues algo se encarna a mi piel y se guarda aun más profundo que la carne o el hueso, y es una pequeña palabrita, un nombre, un par de apodos y un badajo de ligeros detalles.
No sé si a ustedes les habrá pasado, pero hay veces en que se corre con la suerte de no poder olvidar las cosas, de recordarlas aun a costa del pensamiento consiente y cada día vivir el recuerdo de manera paralela a nuestra realidad.
Quizás hoy o para mañana no recuerde mis días tristes, las horas alegres o mis minutos de incertidumbre, quizás mañana yo sea otro y me abre olvidado de aquel que yo fui, de aquel que me prometí ser y no fui jamás, pues me trasforme en otro, el otro que nunca pensé, ya sea bueno o malo nunca lo sabré, pues el único que lo sabría se perdió ayer y ve tu a saber si lo encontrare otra vez.
Pero hay algo de lo que sin importa cuántas veces crea cambiar de piel permanecen inexorable y son esos inmortales segundos en lo que uno se siente vivo y le teme a la muerte… Esos segundos cuando se besa la cara de la divinidad y solo se perciben los plumones en el viento…

No somos nada hoy, sin el fue del día de ayer... ¡tan llegador nakama!
ResponderEliminarMis respetos mi estimado,que se admira de los que logran transmitir sus ideas y nos hacen pensar, pero no se da cuenta de que es justito lo que usted hace... siga como va que va muy bien, ya sabe que tiene en mi a una admiradora
n___n!